03. Julia y Roberto

/ noviembre 30, 2018/ Microtoria, Pies Descalzos

Roberto se había dejado la americana en el trabajo y, aunque siempre se quitaba la corbata antes de comer y no volvía a ponérsela hasta las nueve de la mañana del día siguiente, hoy se la había dejado puesta. Tenía la certeza de que liberarse de ella le hacía las últimas horas de trabajo más llevaderas.Miró la hora en el móvil y luego la puerta de la cafetería, el café al que le había robado un solo sorbo todavía estaba caliente cuando le escribió dos minutos después.

«Llegas tarde, que raro», pensó. Quiso adelantar trabajo mientras ella llegaba, así que se puso a repasar los papeles que le había enviado la tarde anterior.

Quince minutos después, Julia entró en la cafetería, apurada, él seguía enfrascado en los papeles, ella se acercó primero al camarero y le pidió otro café, luego se sentó en la mesa de Roberto.

⏤Disculpa, la niña…

⏤Ya, imagino. No te preocupes ⏤le respondió él, quitándole importancia y levantando la cabeza de los papeles con una sonrisa amable en la cara.

Ella expiró los nervios y le devolvió la sonrisa.

⏤¿Y bien? ¿Tienes todo?

⏤Bueno, sí, pero… no sé si merece la pena meterse en juicios por estas cantidades, ¿no crees? Me refiero, y esto te lo digo como amigo, Julia, las costas del juicio van a ser mayores que lo que te están multando… además, el gasto en tiempo. No sé, no merece la pena.

⏤Es una cuestión de justicia y orgullo, Roberto.

⏤Desde el colegio has tenido ese maldito defecto ⏤bufó él.

⏤No lo considero un defecto ⏤se defendió ella.

⏤Claro que no, porque ni siquiera te permites analizar los daños que te causa y lo que has perdido en el camino…

⏤Roberto, ya. No estoy aquí para que me juzgues y saques mis defectos. Te estoy contratando, quiero que arregles esa multa para volver a abrir el local, y no, no contemplo pagar la multa y la reapertura. No es justo, menos por una denuncia falsa de…

Julia se quedó convenientemente callada mientras el camarero le acercó su café, aprovechó para recomponer su discurso y dejar de lloriquear, pensó en cómo enfocarlo, pero Roberto tenía otros planes.

⏤Julia, paga la multa.

Se mantuvieron la mirada durante un par de minutos, como desafiándose, hasta que Julia encontró la pataleta perfecta: solo se le ocurrió amenazarle como respuesta.

⏤Me buscaré a otro, ¡será por abogados!

⏤¡Adelante! Hazlo, pero quien te lleve a juicio para evitar que pagues una multa de 150 €, gastando tiempo y más dinero que pagándola… solo costas serán 400 €… Te vas a dejar timar, ¿en serio? ¿Qué me estás ocultando?

⏤Nada.

Hubo un breve silencio, Roberto no la creía.

⏤¡Joder, Julia! Soy tu abogado y tu amigo. Quiero ayudarte, pero no me lo pones fácil.

⏤Ayudarme no es sencillo, tú quieres que tome el camino fácil ⏤le reprochó ella⏤. Déjalo, buscaré a otro ⏤Julia se levantó sin darle tiempo a reaccionar.

⏤Julia, ¡espera! ⏤le pidió Roberto, pero ella ya había atravesado la puerta de la cafetería.

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