12. Paula y Diego

/ febrero 2, 2019/ Microtoria, Pies Descalzos

Diego estaba en silencio dibujando en el salón, mientras esperaba a que su madre terminase de hablar por teléfono. Siempre había sido un niño tranquilo y sensible. Su madre lo sabía y procuraba protegerle de sus propios defectos, pero no siempre lo conseguía.

Diego tenía ya 9 años y se había acostumbrado a esas conversaciones telefónicas y a la voz tensa de su madre. También era curioso y se interesaba por su entorno; así que, aunque sabía que a Paula no le gustaba que escuchara a escondidas, lo hacía. A Diego le gustaba saber…

Para el niño, que ya se consideraba mayor para entender ciertas cosas, era natural vivir entre la casa de su padre y la de su madre, que llevaban separados, según le habían explicado, desde que él tenía 1 año. Para Diego, la situación de sus padres era normal.

Aunque no entendía por qué Paula siempre estaba tensa cuando hablaba por teléfono con su padre, ella no era así cuando estaba con Néstor, su padrastro. No era la primera vez que hacía la pregunta, pero la próxima vez no se conformaría con un «papá y yo dejamos de entendernos».

Los dos hablaban el mismo idioma, claro que se entendían. Diego quería saber por qué, ¿acaso era tan difícil? Sabía también que otros niños vivían en una sola casa, con su padre, su madre y sus hermanos. Alguna vez se preguntó si su familia sería mejor si fuese de aquella manera.

«Espera, le pregunto», escuchó mientras terminaba de pintarle de azul la cola a un caballo que había dibujado.

―Diego, tu padre quiere saber con quién quieres pasar Noche Buena. Él va a ir a casa de la abuela Matilda, nosotros nos quedaremos en casa y vendrán los abuelos.

―¿Y los primos de Guadalajara?

―Espera ―respondió Paula, se llevó de nuevo el auricular a la oreja―, ¿tu hermano va a ir también con los niños a casa de tu madre? ―Paula escuchó la respuesta y asintió.

―Sí, también estarán.

―Entonces, con papá.

Paula asintió y le comunicó a su exmarido la decisión de Diego, le revolvió el pelo al niño, que se apresuró a peinarse de nuevo cuando su madre volvió a alejarse de él. Siguió pintando, muy pendiente de la conversación de sus padres.

―Año Nuevo y Reyes, entonces los pasará aquí… sí, claro, el 6 de enero por la tarde puedes llevarlo al cine y pasar un rato con él. ―Paula volvió a la cocina y comenzó a susurrar, pero Diego tenía buen oído y aún pudo escuchar―. Tenemos que ponernos de acuerdo con los regalos…

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