Anecdotario. El gato de Schrödinger

/ junio 13, 2021/ Anecdotario, Ciencia de información y datos, Porfolio

Voy a reconocer una cosa: tengo una tendencia natural a llevarme mal con personas que hayan estudiado Física; lo achaco a uno de los profesores que, durante el instituto, hicieron que la odiara hasta el punto de descartar cualquier carrera que tuviese alguna asignatura dedicada a esta maravillosa rama del conocimiento. Eso incluía mis dos asignaturas favoritas: Biología y Química… y carreras que me resultaban interesantes como astronomía o informática.

Aunque reconozco que… bueno, mi forma de elegir la carrera no tuvo motivaciones ortodoxas; no sé si mi madre sabe que, cuando estuvo preparando el papeleo para meterme en Bellas Artes, hice una búsqueda teniendo como primer requisito: no se puede estudiar en Canarias. Esto excluía a toda la rama de Ciencias Naturales… a los 17 me pareció un sacrificio aceptable. Acabé en Madrid, así que tampoco me arrepiento mucho de las prioridades de aquella yo. Pero bueno, Información y Documentación tampoco estuvo tan mal, me enseñó a encontrar de forma eficiente información, tratar datos… cosa que es bastante útil para saber discriminar lo que necesitas aprender y lo que no según lo que te gusta.

Creo que el único físico que me podría haber caído bien fue el sustituto de Leopoldo al que se le ocurrió que era buena idea meter una barra de sodio en agua… y al que me atreví a preguntarle cómo se podía saber la composición de una estrella por el color que emitía… sí, esas preguntas típicas que haces en 2º de Bachillerato (aunque me decepcionó un poco que la respuesta fuese: es demasiado complejo para que lo entiendas ahora).

Pero bueno, aquí hemos venido a hablar de gatos, de uno en particular… ¿sabes lo que ocurre cuando a una adolescente que se ha criado tratando de cuidar y estudiar a una colonia de gatos desde que tiene uso de razón le explicas el experimento mental del gato de Schrödinger?

Que no lo entiende porque ese experimento mental no tiene sentido… porque ya ha metido a gatos dentro de cajas en el mundo real y sabe perfectamente lo que ocurre.

Señor Schrödinger, sepa usted que, si coge un gato que no está debidamente domesticado, este gato tendrá fobia a los espacios pequeños y cerrados donde no controle el entorno. Sepa usted que es fácil determinar si un gato dentro de una caja está vivo o muerto: el gato va a moverse, maullar y va a golpear la caja para encontrar una salida.

Digamos que no fui una niña un poco inquieta.

Alguien podrá decirme: a los gatos les gusta meterse en cajas.

Mi respuesta es que sí, les encanta, pero siempre que puedan controlar su entorno; es decir, que tengan una salida definida y una forma de vigilar lo que ocurre fuera. Todos los gatos son cotillas y a todos los gatos les gustan las cajas abiertas… y si no lo están, buscarán la forma de abrirlas.

Teniendo en cuenta esto y omitiendo el detalle irrelevante del veneno, es fácil determinar si un gato encerrado dentro de una caja está vivo o está muerto… porque el gato vivo dará golpes y maullará.

Partiendo de este conocimiento de la conducta de un gato, poco después de que me presentaran el problema, decidí darle un giro que puede ser, tal vez, más correcto para exponer no tanto el estado del gato, sino lo que está haciendo.

Primer punto, elimino el veneno de la ecuación, es cruel e innecesario… Igual que encerrar a un gato en una caja.

Segundo punto, meto a un gato en una caja.

Pregunta: ¿cómo determinas hacia dónde está mirando el gato? ¿Cómo puedes averiguar los posibles movimientos oculares que el gato hace para determinar los puntos de fuga de la caja?

Bueno, tienes el gato agobiado dentro de la caja (vamos a ser buenos y que sea de cartón, para que la pueda romper).

Primero, moja el suelo de la caja, harás que se mueva el gato; que además se sentirá tentado a salir de la caja cuanto antes. Dale un poco de tiempo, tendrá que llegar a sus propias conclusiones (no olvidemos que estamos hablando de un animal).

Si queremos determinar cuales son los puntos más probables por donde el gato romperá la caja, podemos utilizar dos herramientas: los maullidos, tenemos que determinar desde donde se producen dentro de la caja (obviamente, no será una medida muy exacta) y dónde va a golpear.

En el momento en el que el gato golpee en un punto, tendrás en la línea de tiempo una posición de donde está mirando. Es cuestión de esperar para obtener otra medida y ver (con sus necesarios errores que aumenten la incertidumbre), la línea que ha trazado la vista del felino desde donde golpeó la primera vez y la segunda.

Hasta aquí la anécdota. Es un poco vieja, pero tenía ganas de contarla y, bueno, teniendo en cuenta que llevo el tiempo suficiente sin escribir como para sentirme culpable (por temas de trabajo y estudio, claro), me viene bien escribir alguna tontería poco transcendente. Reconozco que la idea me ronda habitualmente la cabeza; es un recuerdo bonito que me viene cada vez que les doy a mis gatas alguna caja abierta para que jueguen con ella…

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