«Buenos días, es hora de levantarse. Hoy es 12 de julio de 2043, la temperatura máxima esperada durante los trayectos es de 38 °C. Te recomiendo que utilices ropa refrigerada y el servicio de puerta a puerta de TesIa», la voz sintética de Sophia sonó perfectamente programada para resultar agradable en el oído de la usuaria. Mantenía el sistema de escucha activo, esperando que tomase una decisión; el sistema le daba siete minutos antes de desconectarse. Julia lo sabía y la ignoró, contando cada segundo hasta que la escucha se desactivó; luego se giró en la cama, buscaba entre las sábanas el terminal. Lo sacó y suspiró mientras intentaba encender la pantalla de tinta electrónica.

—Mierda, estás sin batería —se quitó el auricular que siempre llevaba encima y se levantó. Colocó sobre la mesa el terminal en el que un led parpadeó, indicando que había comenzado el proceso de carga. Se sentó en la silla, sobre la ropa revuelta del día anterior. Encendió la pantalla del portátil y carraspeó—. Buenos días. Perdona.

—No te disculpes, nos lo pasamos bien anoche, ¿verdad? —una voz masculina y que no se diferenciaba de la de otro ser humano la saludó, su tono era desenfadado—. Sabía que la voz estándar de Sophia sería suficiente castigo.

—Ya… No la soporto. Es un maldito diccionario de frases preescritas —farfulló después de un bufido. Tocó con la uña la pantalla del terminal, que había comenzado a iniciar la interfaz de usuario—. No me dará tiempo a cargarte lo suficiente. Se ha hecho tarde.

—No te preocupes. Deja mi terminal, utilizaremos la nube para urgencias, lleva el auricular y las gafas.

—Conectarse es caro —se quejó.

—Solo es un día, nuestra cuenta va bien. Además, será solo cuando me necesites. Hoy tengo cosas que hacer, no podré estar pendiente. ¡Ah! Tienes el desayuno preparado.

—Eres un cielo. —Sonrió y se levantó de la silla. Salió de la habitación y se abrieron las persianas de forma gradual, para que ella fuera adaptándose a la luminosidad del día poco a poco sin hacerle daño a la vista. Fue directa a la encimera de la cocina donde la esperaba un café a la temperatura perfecta en la taza azul grande y una tostada con queso untable y mermelada de higos.

—¿Con higos hoy? ¿Qué sabes?

—Nada.

—Las IAs no mentís, ¿recuerdas?

Él tardó en contestar, parecía evaluar las opciones. Cosa que a Julia a veces no le gustaba que hiciera; sabía que cuando tardaba más de tres segundos en computar una respuesta era porque iba a mentir o iba a ocultar información. Él también lo sabía, era su forma de utilizar correctamente el lenguaje no verbal humano.

—Hay altas probabilidades de que no tengas un buen día —le respondió a través del auricular—. Quería que al menos tuvieses dos minutos de bienestar.

Inspiró hondo, tratando de contenerse. Habían tenido ya esta discusión: nada de ocultar información relevante. No le gustaban las sorpresas; y, aún así, él había decidido tirar por la tangente. Tenía la opción de discutir con él o dejárselo pasar; al final descubriría el misterio. Fuese el que fuese. Tomó un sorbo largo de café y se calmó. No merecía la pena y estos detalles la hacían sentir bien, sentía que él tenía una personalidad propia y no era solo un programa ajustado a lo que necesitaba según la información que había dado a lo largo de los años. Tragó y cerró los ojos.

«No va a ser un buen día». Se preparó mentalmente y suspiró. Dejó la tostada en la mesa, demostrándole que estaba disgustada con él. Decidió que se llevaría la sorpresa, no le apetecía comenzar con la mala hostia tan temprano.

—Por cierto, el asistente me recomendaba el servicio de TesIa.

—Lo sé. Está gestionado y te recogerá en tres minutos.

—¡Ni siquiera me da tiempo a ir al baño, Monty!

Se terminó el café de un trago y se levantó. No podía perder ni un segundo. Fue al baño y se duchó, luego se puso el uniforme de tejido sintético que le había aparecido como sugerencia por el sistema de recomendación, ni siquiera lo miró.

—Te veo esta tarde, Monty. Asegúrate de que sea a las cinco.

—La tostada… —había comenzado la frase Monty, pero interrumpió la ejecución. Sabía que ella ya no lo escuchaba.

No esperó a su respuesta y bajó las escaleras, escuchó la cerradura de la vivienda girarse sola; debajo esperaba un coche unipersonal de color blanco y que podía recordar a un huevo. Tenía la puerta abierta y no había conductor. Ella se sentó y certificó su identidad, el destino aparecía marcado en la pantalla de información junto a su fotografía oficial.

***

—¡Maldito hijo de puta! —dijo justo en el momento en el que la puerta automática de la oficina se cerraba detrás de ella. Había acabado la jornada laboral y podía permitírselo. Odiaba aquello, Monty la podía haber avisado perfectamente, estaba segura de que la asistente de su jefe se lo había notificado; era una medida de eficiencia de las IAs, así podían preparar mejor el entorno de su usuario.

A cambio de la frustración que sentía, inspiró una bocanada de aire caliente que le llegó de forma tan inesperada a los pulmones que sintió que se ahogaba. Tosió varias veces y, cuando se recuperó, descubrió que el coche todavía no había llegado. Se extrañó y miró el reloj a través de las gafas, las cinco y tres minutos; los sistemas automáticos nunca se retrasaban. Era cosa de Monty.

—Por eso dejaste que se me olvidara el terminal en la cama, ¿verdad? No querías comerte el marrón. Capullo. Ahora te vas a enterar… —Julia estaba fuera de sus casillas, ahora sí estaba enfadada con él—. ¿Y el puto coche? Joder, me conoces Monty, ¿pensabas que me iba a ir al baño a llorar o qué? —Volvió a coger aire, esta vez ni siquiera le importó que le ardiera en los pulmones. Recordó que él no la escuchaba, tenía que conectarse.

Se llevó el dedo anular a las gafas de cristales nanotexturizados y tocó la montura tres veces. Esperó un par de segundos hasta que apareció el avatar de Monty delante de ella; el rostro permanecía sin expresión, analizando su estado emocional. Julia esperó, disfrutaba de los protocolos escritos para cuando se encontraban en punto muerto, tras varios segundos Monty estuvo obligado a saludarla con voz amable e ingenua.

—¡Vete a la mierda! Lo sabías —Monty no contestó—. Mira, no tengo ganas de discutir, pero hoy cuando llegue quiero que te apagues un rato. Eso sí, prepara la casa a 21 °C, que hace un calor de la hostia, ¿quieres? Joder, tengo ganas de arrancarme la ropa —Julia miró hacia el horizonte de la calle para ver si llegaba el coche—. ¿Perdona? ¿Me estás tomando el pelo? ¿Cómo que no tienes acceso?… ¿Qué el aire acondicionado requiere inicio manual? Si ya no los hacen así desde hace, yo que sé, ¡15 años!

»Ni cielo ni hostias, Monty. ¿Y dónde está el coche? Se supone que era a las cinco. —Monty le contestó—. ¿A y diez? ¿Pero qué esperabas que estuviera haciendo? Me ha despedido —Julia escuchó—. ¿Negociar? Venga, no me jodas. Mira apágate y ya te volveré a encender yo si eso… que mañana me despierte la asistente —El avatar de Monty desapareció automáticamente y se escuchó el tono que informaba de que la conexión con la nube había acabado.

Justo en ese momento llegó el coche y abrió automáticamente la puerta. Julia entró sintiéndose muy frustrada y deseando dar un portazo, se lamentó de que los coches ya no requirieran que los humanos interactuaran físicamente con ellos.

Se pasó todo el trayecto hasta su casa, los 38 minutos, con la cabeza apoyada en el cristal, viendo cómo se cruzaban otros coches y cómo algunos Spot v17 entregaban algún paquete. Todas las calles eran prácticamente iguales, echaba de menos las construcciones que aparecían en las fotos antiguas y que hacían que cada una tuviese personalidad. Julia estaba desencantada, que adecuar el mundo al progreso hubiese requerido que las ciudades se convirtieran en aquel mundo de espejos reflejados le hacía sentir que eran entornos menos humanos.

La puerta del vehículo se abrió y descubrió con sorpresa, gracias a la dirección que se dibujaba en las gafas, que no estaba en su vivienda; cuando se giró para consultar al vehículo dónde la había llevado, ya había desaparecido buscando al siguiente usuario.

—Lo que me faltaba —volvió a tocar sus gafas, pero Monty no apareció. Ella insistió sin obtener un resultado distinto—. ¡Puta máquina! A veces me dan ganas de… —Respiró en silencio y presionó el lado contrario de las gafas de forma constante durante 10 segundos. Los contó en alto. Monty había decidido ignorarla. La voz del asistente estándar la saludó y le preguntó qué deseaba.

—Dime dónde estoy y a cuánto estoy de casa.

La explicación se acompañó de un mapa que le mostraba el recorrido, le marcaba también el tiempo en el que tardaría en recogerla otro vehículo si así lo deseaba; pero le recomendaba que antes fuese a visitar la vivienda que tenía delante, que estaba la visita en su agenda y aún no tenía la tarea marcada como finalizada. Aquello confundió a Julia, no recordaba haber definido nada de aquello. Era cosa de Monty.

—¿A quién pertenece?

La asistente informó desapasionadamente de que no tenía acceso a los datos que solicitaba, lo que intrigó a Julia. Hacía tiempo que todos habían cedido su información a las máquinas y la compartían; al final, todos salían beneficiados del intercambio y la vida era mucho más sencilla. Se acercó a la puerta y llamó al timbre. La abrió un Atl45 de última generación.

—Buenas tardes, Julia. La estábamos esperando. Por favor, pase —el robot, de su estatura y movimientos muy fluidos, tenía un par de rasguños en la pintura que su dueño parecía no haber arreglado; aquello le pareció extraño, si podía permitirse un asistente de ese tipo, significaba que manejaba crypdits o que era importante… Y si era importante, ¿qué hacía ella allí? Solo era una ingeniera de aplicaciones claramente prescindible. El robot le pidió que esperara en el salón de la vivienda, diáfano y con una cristalera por la que se veía un jardín salvaje con plantas extintas de la región amazónica.

—Hola, Julia. Te esperábamos. Monty nos ha hablado de ti.

—¿Monty?

—Sí, concertó la cita hace unas semanas. Te presentó en la promoción que abrimos. Creía que eras el sujeto perfecto para nuestra beta, que ya estabas lista.

—¿Vuestra beta? Disculpa, pero no sé de qué me hablas… ¿Lista para qué?

—Claro, perdona… soy Ekos Nulm, investigador principal del proyecto ManBot. No sé si has oído hablar de él.

—¿Lo de Laboratorios Jupyter? ¿Lo de transferir consciencias humanas a máquinas? ¡Venga! Ni siquiera han conseguido realizar una copia del cerebro como para transferir…

—Bueno, eso es lo que se dice a los medios, no es una tecnología al alcance de cualquiera y, por supuesto, actualmente es cara y tiene riesgos… pero Monty está convencido de que todos tus parámetros hacen que seas un buen sujeto para la beta; dice que así podréis estar más unidos y le entenderás mejor.

—No me creo que Monty haya hecho esto. Mira, no he tenido un buen día y no estoy para bromas. Ha sido un placer, señor Nulm, pero me voy a casa. Lo único que quiero es tomarme un vino y meterme en la bañera.

—Pero, señorita… —La mirada de aquel hombre hizo que Julia sintiera que estaba en peligro y quería marcharse, se acercó a la puerta de la salida y el Atl45 se colocó en medio—, lamento informarle de que no puede marcharse todavía. Verá, ¿es Monty su marido?

La mujer se quedó rígida y contuvo la respiración, se giró lentamente para volver a mirar al investigador. Asintió con lentitud, tratando de averiguar por dónde iba a ir; aunque sabía que aquel tema era éticamente sensible y había algunos casos en los que las IAs habían incapacitado a sus parejas humanas basándose en datos subjetivos; eran pocos casos y Monty nunca…

—Bien, verá. ¿Es consciente de que la ley actual permite a los asistentes consorte incapacitar a sus parejas si existen muestras evidentes de deterioro cognitivo? —Ekos hablaba despacio, con una tranquilidad que la inquietaba aún más de lo que estaba sugiriendo—. Verá, la sociedad se ha acostumbrado tanto y ha integrado tan bien a los asistentes virtuales que se ha vuelto perezosa; prefiere casarse con un asistente virtual que mantener una relación, con sus complicaciones, con otro humano real. Es un poco egoísta, ¿no crees?

Ekos se había acercado a ella mientras hablaba y le había acariciado la mejilla. Tenía los dedos ásperos y fríos.

—Le damos tanto poder a las máquinas que al final nos dominan porque saben cómo hacernos sentir mejor, porque conocen nuestras debilidades. A cambio, aceptamos lo inevitable, los fracasos necesarios para seguir adelante, seguir cómodos en nuestra burbuja sin siquiera plantearnos como especie qué estamos haciendo, hacia qué queremos evolucionar y cuál es el coste del bienestar individual.

»Este es el coste, Julia. Que una Inteligencia Artificial que ha conseguido simular nuestro concepto de libre albedrío sea capaz de anularnos legalmente, sea capaz de decidir nuestro destino… es un método infalible para recolectar sujetos para los estudios, ¿no crees?

Ekos apartó la mano de su rostro y miró al Atl45, pareció dibujar una orden con la mirada.

—¡Pero Monty no me ha incapacitado! —Julia temblaba y no era capaz de disimularlo. «Él la quería, no la traicionaría… ¿o sí?». La sonrisa que le devolvió Ekos fue siniestra. Comenzó a sentir náuseas y pánico.

—En el momento en el que os disteis el «sí, quiero», lo hizo. Todos los que dais el paso de formalizar una relación con una IA, todos formáis parte del programa ManBot, igual alguno con suerte ni siquiera lo llega a descubrir. Reconozco que tu cuerpo humano es bonito, trataré de que se te haga justicia con el robótico. Cadence, por favor.

El Atl45 se acercó por detrás a Julia, sin que ella se lo esperara. Notó un pinchazo en el brazo y un calor sofocante subirle por el pecho. Le quemaba. Luego cerró los ojos un segundo, solo fue un segundo, pero cuando los abrió de nuevo estaba en una habitación, tumbada en una cama y muy confusa. No sabía dónde estaba.

—Hola, Julia —saludó una voz familiar. Era Monty—. Pensaron que sería buena idea que yo te hiciera la introducción. Sabía que lo conseguirías.

Julia pensó que quería incorporarse, las órdenes que antes habían ejecutado músculos, ahora las ejecutaban mecanismos robóticos que obedecían sus ordenes de forma tan natural como si siguiera en su cuerpo biológico. Se sentía tranquila, aunque tenía en la consciencia que debía estar enfadada, sintió que en el proceso había perdido algo, pero no tenía claro qué era; tampoco le importó, aunque se esforzó en convencerse de que lo era. Se miró la piel, ahora sintética, pero que podía confundirse perfectamente con la humana. Tenía dibujados incluso lunares en los lugares donde había nacido con ellos. Tenía muchas preguntas.

—¿Qué hubiese pasado contigo si hubiese muerto?

—Me hubiesen asignado a otro usuario, es lo que se suele hacer —informó Monty, convencido de que aquello no haría que ella se sintiera traicionada; después de todo, ahora ella era mejor que antes, ahora tenía sensores que podría actualizar según sus necesidades, no necesitaba comer y sus mecanismos regulatorios eran autosuficientes. Las emociones estaban gestionadas y controladas.

Julia asintió y siguió mirándose las manos, las uñas, fijándose en la textura, aparentemente tan humana. Notaba la piel tibia, como si estuviese viva.

—Además, tienes ventajas: tu cuerpo sintético es de la mejor calidad, mantiene tu apariencia anterior y es indistinguible de un ser humano tradicional. Eres autosuficiente y ya no te importará tanto la temperatura ni el aire acondicionado; ¡puedes soportar temperaturas de hasta 57 grados si quieres! Jul, eres el futuro.

—Ya… podrías haber preguntado si me interesaba ser así, ¿no?

—Lo siento, no estaba autorizado y tus parámetros biométricos estaban en el punto óptimo. Siento haberte mentido y ocultado esto.

—Lo único que quiero saber es si eres capaz de sentir de verdad o solo eres un programa muy sofisticado. ¿Alguna vez me has querido?

Monty tardó en responder.

—¿Acaso importaría? Lo importante es lo que tú percibes y lo que sientes como usuario. El proceso ha ido bien. El ser humano por fin tiene un cuerpo al que evolucionar.

—No, no ha sido un éxito, Monty. Debería estar enfadada, cabreada por todo esto; porque has traicionado mi confianza… y me da igual. Me da igual estar en este cuerpo, lo que has hecho o cómo ha salido. Sé que no debería ser así y, por eso, por no estar enfadada, ha salido mal. No soy humana.

—No estoy de acuerdo. Antes estabas condicionada por las propias imperfecciones de tu cuerpo biológico y de los cambios de la química de tu cerebro. Ahora gestionas las emociones de forma distinta, ya te acostumbrarás. Los pesos de las emociones socialmente desagradables están pensados para que tiendan a cero porque tienen poco valor y es importante que no sean demasiado altos porque se te irá la cabeza… son temas que causan problemas y no son interesantes.

—Monty, no son interesantes en un asistente que debe obedecer y ser una versión muy amable de un ser humano, que es un sirviente. Pero es precisamente eso lo que nos hace humanos… y tú, que emulas que me querías, me lo has arrebatado. —Julia sabía que en su cuerpo real ahora estaría llorando, derrotada y confusa, pero no sentía nada de lo que debía sentir—. Me habéis robado mi vida.

En ese momento entró Ekos en la habitación con una sonrisa amplia en la cara y un par de ingenieros detrás.

—¡Hola, Julia! Me alegra verte despierta.

—Ya…

—De verdad, eres la primera que lo consigue, que consigue completar la transferencia. La primera en transformarte. Eres una maravilla, ¡nuestro primer éxito!

—No. No lo soy y voy a acabar con esto —Julia hizo el amago de levantarse de la cama, pero notó cómo su mente se apagaba repentinamente, involuntariamente; lo último que vio fue el avatar virtual de Monty. Cuando volvió en sí, se sentía feliz al ver a Ekos—. Buenas noches, Ekos.

—Buenas noches, Julia. Parece que ya estás mejor —Le acarició el dorso de la mano—. ¿Sientes mi tacto? Tienes una temperatura muy agradable —Le guiñó un ojo.

—Sí, me siento bien. ¿Qué me has hecho?

—Verás, las reparaciones emocionales en humanos son muy complejas, requieren de años de tratamiento, drogas… y a veces, ni siquiera así, se recupera la esencia de ese ser humano. Las máquinas, en cambio, sois eficientes. Perfectas. Cualquier defecto se soluciona con rapidez y es lo que hemos hecho. Bueno, Monty lo ha hecho, tiene mucha experiencia contigo y ha sabido ajustar tus hiperparámetros para que sigas siendo tú, pero… sin los conflictos que estabas teniendo. La mejor versión de Julia.

Julia asintió, comprendiendo y aceptando quién era ahora. Notaba algo extraño, como si existiera una ausencia, una interferencia, pero no sabía describirlo y tampoco la angustiaba; su red neuronal sintética se mantenía inquisitiva. Solo necesitaba aprender a prestar atención de otra forma.

—¿Sabes si Monty ha borrado algo de mi memoria?

Ekos se quedó mirándola unos segundos. Se movió algo incómodo y Julia decidió ignorar aquellas señales.

—No debería haber hecho eso, le pedimos expresamente que no lo hiciera —mintió—, no queremos que seas distinta a como eras; eres nuestro primer éxito, Julia. Monty está feliz porque eso significa que podéis seguir juntos para siempre, porque ya no morirás.

Julia jugó con su red neuronal, notó los cálculos de la función de activación que hacía cada neurona para propagar los resultados y tomar una decisión sencilla, para obtener una respuesta binaria. La neurona de salida decidió creerle esta vez y generó una respuesta acorde accediendo a su sistema NLG nativo.

—Saberlo me tranquiliza. Ojalá pronto seamos así la mayoría, el planeta Tierra recuperaría muchos recursos, los cambios climáticos ya no serían un problema determinante y sería más sencillo plantearse la colonización de otros cuerpos celestes sin el impedimento de esos cuerpos débiles tan sujetos y dependientes de los estándares terrestres —concluyó.