Arreit: Creación

Año 2020, Tierra

Un par de teléfonos retransmitían el ritual del aquelarre y más de 166 millones de personas asistían, a través de sus pantallas, a la primera ceremonia que aquellas brujas hacían en directo. Muchos solo lo veían por intentar encontrar los «trucos» que utilizaban para mantener engañado a los otros que, fervientemente, creían en los poderes mágicos que habían mostrado en los vídeos virales que habían captado la atención de un público masivo y las había alzado a la fama. No había foro en el que no tuviesen abierto un debate, en Twitter habían conseguido ser la cuenta más seguida y, tras el anuncio del primer ritual en directo, se habían convertido en Trending Topic, tanto que los informativos se apresuraron a informar del boom de las 13 brujas de Farlka.

Se sentaron todas en un círculo iluminado por velas, encerradas en una habitación de paredes oscuras y suelo de madera, taparon la luz del sol con cortinas gruesas de borgoña. Como era de esperar, todas las brujas vestían de riguroso negro, habían tapado bajo maquillaje oscuro toda señal del rosado de sus labios, sus uñas las pintaron a juego. La que se hacía llamar bruja madre entonces se levantó y saludó primero a sus 12 hermanas, luego a los followers y a los haters que compartían el evento desde sus casas.

Se apresuró a comentar que iba a hacer el mayor conjuro al que un aquelarre como aquel podía enfrentarse: cambiarían el día por la noche y, para los que siguieran el evento en la otra parte del mundo, su noche se convertiría en día; iban a darle la vuelta al planeta.

Tal como estaba acordado, y dado que los cánticos debían terminar justo a las 12 de la mañana para que surtieran efecto, se levantaron y comenzaron a recitar el hechizo, de palabras aparentemente inventadas y acompañadas con movimientos que, igualmente, parecían haber salido de una clase de improvisación.

Al principio, la voz y los movimientos parecieron extraños, pero pronto los espectadores se quedaron hipnotizados por la monótona melodía y las danzas que hacían las brujas, y que a ellos casi les llegaban como sombras que se movían de un lado para otro, siniestras, retando a que los ojos no las perdieran de vista.

Justo al pronunciar la última palabra, cuando la voz se extinguió y las brujas se quedaron completamente inmóviles con los brazos abiertos hacia el techo, el dong profundo de un reloj marcó las doce. La ejecución del conjuro había terminado en el momento debido.

Más de 166 millones de personas se mantuvieron en vilo, con el corazón en la garganta y conteniendo la respiración. El día no se intercambió por la noche, al menos no justo en ese momento y no exactamente como todos ellos habían esperado. Primero, ocurrió el terremoto, uno que estremeció a todo el planeta; luego, la transmisión del evento se cortó y, al final, todos alzaron la vista de sus pantallas, y se sorprendieron.

Una pareja estaba en una cafetería, aprovechando el día que tenían libre para pasar un rato juntos. La tarta de chocolate que habían pedido estaba desapareciendo del plato mientras planeaban su próximo viaje romántico y la televisión, encendida, acompañaba el momento sin recibir una atención especial.

Un terremoto sacudió el establecimiento hasta los cimientos, la tarta y los cafés a medias acabaron en el suelo y los dos tortolitos se escondieron debajo de la mesa, tremendamente confundidos. Cuando el terremoto pasó, tardaron todavía un poco en salir de debajo de la mesa. Ambos se miraron y luego, como pidiendo una respuesta, desviaron la mirada hacia el televisor, que permanecía emitiendo el final de un capítulo de una serie antigua.

El camarero les preguntó entonces si estaban bien y ellos asintieron, luego todos se quedaron pendientes del aparato; seguro que informarían rápido de algo como aquello. La programación se interrumpió para dejar paso a un informativo especial sobre el suceso, la cara del presentador era muy seria, pero no hizo ninguna mención al terremoto, al menos, no al principio. Comenzó informando sobre una explosión que, en segundos, había destruido y calcinado una vivienda. Parecía que ninguna otra había sufrido defectos por la honda expansiva; entonces fue cuando el presentador hizo referencia al terremoto y la pareja solo se quedó con la última frase que escucharon: «es un terremoto que se ha registrado en toda la corteza terrestre, todavía se desconoce el origen».

Año 0, Arreit

Parece que los cambios naturales del idioma habían hecho estragos en el lenguaje de la brujería, las 13 brujas de Farlka disolvieron el círculo tras el terremoto, recogieron los terminales que todavía fingían retransmitir el suceso y se dirigieron a las ventanas, seguras de que en ese preciso momento, cuando las abrieran, la oscuridad y la luna serían reinas del cielo.

Corrieron las cortinas y los objetivos de las cámaras no tuvieron que adaptarse al cambio de luz, las 13 brujas contuvieron la respiración. Solo la luna se alzaba en el cielo, pero había algo más, algo extraño había ocurrido, su casa parecía intacta, entera, pero el resto del barrio había sido sustituido por una pradera verde llena de avellanos.

Algunas se alarmaron, otras descubrieron que sus móviles habían dejado de recibir señal. La bruja madre pidió calma y volvió al libro, a leer las anotaciones con tranquilidad. Estuvo haciendo análisis del texto durante horas y en silencio, mientras las demás trataban de buscar una explicación a que el resto del barrio hubiese desaparecido. ¿Acaso se habrían teletrasportado en el tiempo?

Alguna fue a investigar qué había ocurrido en el exterior, pisó el verde prado que antes había sido asfalto y se mareó, la atmósfera era más liviana, más fresca, olía diferente. Las estrellas titilaban en un cielo negro y despejado y la luna permanecía en cuarto menguante.

Era la tierra, pero a la vez todas tuvieron la sensación de estar en otro lugar.

La bruja madre tardó tres días en darle una respuesta a sus brujas, a ellas y a los pobres desgraciados que habían ido encontrando desperdigados por los lugares cercanos y que se habían reunido en torno a la casa para saber qué había ocurrido.

—Bien, atención todos —comenzó la bruja madre—. El ritual ha surtido efecto, pero no era el efecto que esperábamos. Tras haber estudiado y hecho traducciones de los textos he descubierto que, en nuestra prepotencia, hemos interpretado de forma errónea el conjuro.

»Quiero confirmaros que estamos en la tierra, pero no en la que conocíamos. Estos cambios ya os digo que no son por un viaje en el tiempo, como alguna me ha sugerido, no. El conjuro que hemos realizado con éxito nos ha permitido crear un duplicado de la tierra, no sé dónde está exactamente nuestro original ahora mismo ni dónde estamos nosotros. Además,  el conjuro que llevamos a cabo contenía un elemento «purificador». Nuestra tierra no es una copia exacta de nuestro planeta madre, es una copia sin el elemento que más ha intoxicado el planeta: la evolución del ser humano.

Unos murmullos se elevaron con temor entre los que escuchaban la noticia.

—Mantened la calma, por favor. Podemos ver esto como una gran oportunidad, no solo hemos demostrado que la magia existe, hemos creado un mundo nuevo a través de la magia y todos vosotros creéis en ella, por lo que, podemos trabajar para que este mundo sea todo lo que no fue la Tierra madre, es una segunda oportunidad —la bruja madre hizo una pausa y sonrió mientras analizaba a la masa que la escuchaba—. Será un reto duro, no os voy a engañar, pero no nos queda otra opción.

»Hay cosas que quiero que tengáis también muy presentes. Este planeta ha sido creado por nosotros, pero la magia le ha hecho evolucionar sin nosotros. Es posible que existan otras criaturas mágicas, igual que las que me habéis ido enseñando estos días y que en nuestro planeta original no existen, pero inteligentes. No quiero que cometamos los mismos errores que se cometieron en la Tierra madre, quiero que la bondad, la cordialidad y la paz reinen en este mundo.

»Por ello, también necesito que hagáis una última cosa por mí. Debéis partir, viajar y encontrar a todos los humanos que hemos transportado alrededor de todo el mundo y comunicarles lo que ahora sabéis.

La bruja madre siguió hablando, con una aparente y fingida autoridad y tranquilidad, y aunque la incertidumbre y el miedo la atenazaban, solo demostró a los que allí se congregaron a escucharla, con aquel magnetismo que la había convertido en reina de las redes sociales, su intención de crear un nuevo mundo lleno de magia.

Año 2030, Tierra

La presentadora del informativo sonreía a la cámara y los telespectadores, al otro lado de la pantalla, escuchaban con atención las noticias que el canal había seleccionado para aquel lunes.

—Han pasado ya 10 años del que los investigadores apodaron «el enigma de Farlka» y, hoy en día, siguen sin existir evidencias claras de los diferentes sucesos registrados aquel día. Nuestro compañero nos cuenta más detalles. Buenas tardes, Felipe.

—Hola, Fina, hola a todos nuestros telespectadores. Pues sí, hace 10 años ocurrió una catástrofe en este lugar que tengo a mi espalda y que hoy se ha convertido en un lugar de culto para los más escépticos con el movimiento científico y que afirman que lo que las Farlka hicieron fue demostrar que todavía quedaba magia en este mundo.

»Los seguidores del movimiento científico han asegurado que el truco al que las brujas habían sometido al mundo estaba muy estudiado y que lo demuestra el hecho de que nunca se encontrasen restos en la zona donde supuestamente se realizó el rito; otros, que se han unido en el grupo Alianza por la Libertad de la Magia y que ha estado estudiando los eventos de aquel día estos últimos años, afirman que el suceso fue verídico, que algo salió realmente mal y que, según sus estudios, las desapariciones que se denunciaron alrededor de todo el planeta en las horas siguientes al conjuro de las brujas están relacionadas con él; pues ninguno de los 174 millones de denuncias realizadas se ha podido resolver y, además, se cree que estaban haciendo un seguimiento activo del evento; por lo que es posible que corrieran la misma suerte que ellas.

»Mientras tanto, los investigadores oficiales no dan demasiados datos y ni confirman ni desmienten las afirmaciones de la ALM que sugieren dicha relación. Dadas las magnitudes del suceso, mantienen la prudencia y no realizan declaraciones públicas; eso sí, las desapariciones han favorecido la colaboración internacional de todos los países en este asunto, y se cree que estas misteriosas desapariciones que ocurrieron justo en el mismo momento del terremoto que azotó a todo el planeta, sí tienen entre ellas una relación directa.

»Confiamos, Fina, en que las familias que perdieron a seres queridos, algún día encuentren una respuesta sobre lo sucedido y que los investigadores puedan facilitarnos en un futuro mayores pistas sobre todos aquellos sucesos que, 10 años después, todavía no pueden darse por cerrados. Aunque, cada vez, se hace más difícil encontrar una explicación al enigma de Farlka que satisfaga a todos los sectores interesados.

—Muchas gracias, Felipe —despidió la presentadora al reportero y la cámara se centró de nuevo en ella—. Mientras esperamos que algún día se resuelva, vamos con noticias más curiosas. ¿Estamos solos en el universo? Los astrónomos ya tienen una respuesta a esta pregunta. Nos cuenta esta historia, Inmaculada. Hola, Inma.

—Hola, Fina. Pues no, no estamos solos en el universo y es que, tanto tiempo buscando entre estrellas lejanas y resulta que no teníamos que irnos tan lejos. Gracias a un recolector de basura espacial que se había extraviado, hemos conseguido descubrir que la Tierra tiene un planeta gemelo que comparte su órbita alrededor del sol.

»Este planeta tiene a toda la comunidad científica en vilo, y se ha visto obligada a revisar los datos que habían obtenido en otras investigaciones sobre el Sistema Solar y que nunca arrojaron ninguna evidencia sobre su existencia. El descubrimiento se realizó hace 6 años, pero la CCI decidió mantenerlo en secreto mientras investigaban la anomalía. Rusia ha sido la que ha terminado por confirmar, no solo la existencia de este planeta, sino también la existencia de vida en él.

»Mientras tanto, en un comunicado en paralelo y realizado por la NASA, en el que reconocen haber estado estudiando en secreto los últimos 5 años el planeta con mayor profundidad, describen el asombro enorme con el que se encontraron al analizar los resultados en cuanto a las características físicas exactas de este con el nuestro, y no solo eso; además, este planeta, que ya han bautizado como Arreit, tiene un satélite de características idénticas a nuestra Luna. Y es que, no solo son las características físicas, Fina, los astrónomos dicen que el cuerpo se mueve a la misma velocidad de rotación y traslación que nuestra propia tierra y que, aunque la evolución de la vida en esta nueva tierra parece haber tenido otro desarrollo, comparte demasiados parámetros con los datos obtenidos en las investigaciones sobre la vida que se han hecho en nuestro propio planeta.

—Pero, Inma, ¿por qué han tenido la existencia de este planeta tanto tiempo en secreto?

—Pues, según el comunicado, de 1438 páginas, Inma, explican que no querían alarmar a la población, ya que el descubrimiento fue sorprendente y extraño, y quisieron ser cautos con él. Lo cierto es que, parece que, en cierto modo, el universo podría estar dándonos una segunda oportunidad con este hallazgo.

Año 2060, Tierra

—Cuéntame, papá; cuéntame sobre aquella historia del planeta fantasma —le pidió el niño a su padre, mientras este con mimo le arropaba con aquella sábana de Carboxtil azul cobalto y estrellas brillantes que titilaban para mitigar la oscuridad del cuarto del niño de 6 años.

El padre suspiró mientras acariciaba el suave tejido iluminado con delicadeza. Hacía ya 40 años, y el suceso había inspirado más de un relato descabellado. Por supuesto, lo que en los años 80 del siglo xx se apuntaban a las conspiraciones gubernamentales para ocultarnos la existencia de vida en otros planetas y de encuentros con extraterrestres, sufrieron un repunte en el 2039, tras la desaparición repentina del Rover y del planeta que se había bautizado como Arreit. Aquel batacazo conmocionó a mucha gente, que perdió la esperanza depositada en el descubrimiento del gemelo oculto de la Tierra y desencadenó en una serie de suicidios a raíz de la certeza de que la raza humana estaba al borde del colapso, igual que la propia Tierra. Muchos pensaron que, debido a las atrocidades e irresponsabilidades que el ser humano había cometido, la vida en la Tierra cambiaría a peor y decidieron quitarse del medio.

Paradójicamente, el descenso de humanos por la desaparición inexplicable ocurrida años antes de buena parte de la población y que seguía siendo un misterio entonces, unido a los suicidios masivos, permitió que el planeta volviese a respirar poco a poco. Aún así, había daños irreparables, páramos de exclusión inmensos y especies extintas, el planeta sería muy difícil recuperar. La vida en los trópicos se había convertido en imposible para el ser humano, asfixiante para la mayor parte de las especies, aunque se sabía que existían algunas que eran capaces de sobrevivir en las tierras de fuego que habían conseguido salvarse del deshielo. El ser humano se había refugiado en las regiones cercanas a los polos de la tierra, donde el verde había dejado de ser manso y los inviernos níveos, aunque sí conseguían mantenerse las lluvias gracias a las máquinas que, movidas por la electricidad que generaba el sol, condensaban agua, generaban nubes y mantenían la sequía a raya.

Toda la baraja de naipes cayó de golpe sobre aquellos que sobrevivieron a la gran crisis, los Congresos políticos y Gabinetes de crisis se sucedían prácticamente cada semana, buscando soluciones desesperadas a los problemas que se habían desoído y descuidado durante demasiado tiempo. La Tierra se moría y no había donde escapar, el pulmón verde cada vez tenía más tumores negros por los incendios espontáneos debido a la hierba muerta de los bosques, se perdieron las abejas, se perdieron los escarabajos y arañas. Los gorilas y las jirafas pasaron a ser parte de cuentos infantiles que hablaban de ecología y los huesos de los últimos rinocerontes se expusieron en los museos de Memoria Biológica como otro recuerdo más. Sobrevivieron las cucarachas, las palomas y los humanos, también aquellos animales tan ligados a la vida humana (cerdos, gallinas y caballos). Los colores de las flores fueron escasos y monótonos, las mezclas accidentales de las especies vegetales dejaron de existir, ya no había polinizadoras y los esfuerzos de muchos científicos consiguieron frenar el desastre que supondría perder toda la vida vegetal a base de ingenio y nanotecnología.

Heredaron una Tierra llena de cicatrices irreparables y el padre sintió vergüenza, pese a haber sido solo un niño cuando todo aquello ocurrió. Nunca entendió cómo sus abuelos pudieron ser tan incompetentes y egoístas. Sabían cuál iba a ser el legado y siguieron adelante. Ahora, su hijo le pedía otra vez la última vergüenza de sus abuelos, el último fracaso que los llevó a un apocalipsis programado por el propio ser humano.

—Bueno, hijo. Cuando los astrónomos de hace 40 años encontraron aquella falsa masa que luego se descubrió que correspondía a una especie de «eco» de los residuos que nuestro propio planeta dejaba y no era un planeta gemelo… —le comenzó a contar, tal como se lo habían contado a él.

Año 2050, Tierra

Era una sala pequeña de paredes blancas y escritorios grises, las sillas se reunían en torno a uno de los monitores. Los científicos se mantenían expectantes, concentrados en los datos que les remitía la Sonda H.O.P.E., faltaban menos de 10 minutos para que entrase en contacto con la atmósfera de Arreit y menos de 30 para que hiciera el arreitizaje. En ese momento, el presidente entró en la sala, algún científico, de los que estaban más separados del monitor, alzó la vista para recibir a los recién llegados, otros los miraron de reojo y la mayor parte del grupo ni se inmutó.

—¿Cómo va? El último informe.

—Está comenzando a penetrar la atmósfera —informó uno de los científicos, los nervios que le hacían temblar la voz podrían ser por estarse dirigiendo al presidente en persona, aunque lo más probable era que fuese por las implicaciones que podría tener que el Rover confirmara las sospechas y que la humanidad estuviese a menos de una hora de saber si tendrían una segunda oportunidad en forma de planeta.

Probablemente, más de un religioso hubiese asegurado que era una bendición de su dios y tratase de llevarse el mérito de la proverbial aparición.

—Eso mismo me dijeron hace 15 minutos —se quejó el presidente, algo decepcionado por la información poco novedosa.

—Bueno, es cuestión de paciencia y debemos tener mucho cuidado en esta fase. Aunque hemos hecho cálculos, por ahora solo ha sido una estimación de cómo es la atmósfera de este nuevo planeta. Hay muchas cosas que podrían salir… bueno, tenemos que actuar de forma cuidadosa para no estropear la misión en el último momento.

—¿Puedo ver las imágenes?

—¡Claro! Por favor, acompáñeme. No, ahí no, mejor nos ponemos en aquel, así estaremos más cómodos —Arrastró dos sillas por la sala y la colocó en un ordenador que parecía un poco más antiguo y que montaba un laberinto de tuberías. El presidente sonrió.

—¡Vaya! Hacía tiempo que no veía un salvapantallas de estos —comentó el presidente.

—Sí —sonrió el científico—, Gonzalo es un romántico. Veamos. Aquí están.

—¿Eso qué es?

—Son las últimas imágenes. En principio, lo que nos está mostrando H.O.P.E. es la superficie del planeta, por ahora nos vale para saber cómo manejarla y desviarla hacia una zona de aterrizaje medianamente segura. Las fotos posteriores para lo único que nos servirán es para saber que el rumbo elegido ha sido el correcto, llegados a este punto, tendremos muy poco margen de maniobra para arreglar cualquier desviación, así que debemos tener cuidado con las últimas órdenes que le enviemos a la sonda.

—Es verde.

—Sí, lo es. Es maravilloso y nos sorprende que hayamos tenido otro planeta con vida tan cerca y… tan similar al nuestro. De hecho, eso suscita muchísimas preguntas sobre…

—¿Cuándo está estimado el aterrizaje? —interrumpió el presidente.

—¡Oh!, claro. Carlos, ¿cómo van los cálculos?

—Acabamos de enviar las últimas coordenadas, en 5 minutos tendremos una confirmación e iniciará el descenso sobre el planeta. A partir de entonces, recibiremos imágenes cada medio minuto, pero ya sabes que hay una latencia de 15.

—Bien, ¿entonces? ¿Cuándo llegará a tierra?

—Unos 40 minutos, más o menos.

El presidente inspiró, si estaba nervioso no lo demostró en ningún momento, pero a Víctor le pareció que dejaba entrever una leve impaciencia. Al científico le hizo gracia, al presidente parecía importarle el tiempo demasiado, cada segundo debía rellenarse, esperar no parecía su punto fuerte y, ahora, era lo que le tocaba. «Suerte», pensó, «de que no se hubiese decantado por las ciencias, donde la paciencia es tan necesaria como los niveles de oxígeno que esperaban que el Rover confirmase que existían en la atmósfera de Arreit».

Pasaron 20 minutos y ya tenían imágenes del descenso, todo transcurrió con normalidad hasta que, en la última fotografía que recibirían de la sonda apareció un objeto extraño e inesperado. Todos los científicos se quedaron mirando aquella imagen atónitos.

—Dime que el desenfoque me está jugando una mala pasada y no me estoy volviendo loco —pidió Víctor—, pero ¿eso no es un hipogrifo?

—¿Un qué?

—Ya sabes, como el bicho con alas ese, de las películas antiguas de Harry Potter.

Año 30, Arreit

Se rio.

—Es un maldito campo de girasoles.

—Sí, a los ofles y a las afnines los predispone a ser abiertos con las ideas.

—Ya, pero a los onanes los pone de mal humor.

—¡Ah! Por eso los asientos preparados son piedras negras pulidas con laberintos dibujados, así se entretendrán en ellos y no prestarán tanta atención al entorno.

—Estás en todo, serás una digna sucesora.

—No diga eso, Bruja Madre, todavía…

—Tenía casi 30 años cuando llegamos a este lugar y he gastado casi 30 más en que los humanos que sobrevivieron tengan un lugar aquí, en evitar conflictos con los nativos y en organizar un mundo para el que no seamos unos parásitos. No he podido hacerlo sin vosotras, pero ser la referencia tiene consecuencias que se manifiestan físicamente. Ten esto siempre presente para cuando alcances la posición para la que te estoy preparando.

—Sí, Bruja Madre.

—¿Qué hay del sol? Sabes que últimamente me afecta la piel bastante.

—Hemos dispuesto unos parasoles de hoja de arándanos, el aroma favorito de los ednuedes, así nos garantizaremos que cooperen.

—Espera, ¿qué hay de los etnagigas?

—Siguen manteniéndose firmes en su enemistad con nosotros y con toda criatura que se nos una. Según dicen, acabaremos por hacer lo que ya hicimos una vez. Es como si supieran cosas de la Tierra, no sé…

—Su magia es poderosa y extraña, he estado años tratando de encontrar sentido a cómo interactúan con ella y no he sido capaz de entenderlo. Igual hay un pasado en la Tierra que nosotros convertimos y suavizamos en mitos, ¿quién sabe? Son solo conjeturas a las que no merece dar sentido. Lo que importa es el futuro y es en lo que tenemos que centrarnos.

—Sí, Bruja Madre.

—Lo que importa es que hoy obtengamos la gran alianza por la que llevamos años trabajando.

 

Ovinyel se sentó y acarició la superficie pulida de piedra con cierto agrado, luego miró a su alrededor y acabó fijándose en la Bruja Madre, trató de que no se reflejara ninguna emoción en su rostro, por supuesto, la ofle no se fiaba para nada de la que habían bautizado como Anamuh Ajurb, cosa que a la Bruja Madre no le había parecido del todo mal. Era la primera asistente de la reunión que llegaba y admiró con tranquilidad los girasoles que se extendían por el prado.

—¿Los había también allí? —preguntó.

—Sí, pero no eran campos naturales —respondió la bruja—, los cultivábamos para recoger sus semillas y comérnoslas.

Ovinyel asintió y mantuvo el silencio unos segundos, luego hizo un gesto a uno de los 3 acompañantes que había traído y que se mantenían en pie detrás de ella. Se acercó a uno de los girasoles y arrancó con suavidad un par de pétalos que le entregó.

—Nosotros cuidamos las semillas y las esparcimos, machacamos las hojas y las mezclamos con agua caliente, aunque también las comemos frescas —Ovinyel se metió una en la boca y le ofreció la otra a la bruja, quien declinó la oferta cortésmente.

—No creo que me sentase bien, nuestros estómagos son mucho más delicados que los vuestros; nos empeñamos en maleducarlos durante generaciones y este es el resultado —Se rio suavemente y apoyó la cabeza.

En aquel momento, los girasoles por el este comenzaron a temblar sin tener en cuenta el viento que, aunque no era violento, sí cantaba con la ayuda de las flores.

Un conejo, de los que en la Tierra conocemos como Flandes, de color blanco y negro asomó el hocico entre los tallos y brincó hacia el lugar de la reunión, sobre él, Aerie se mantenía erguida y guiaba a la montura con destreza. Era un edneude y tenía alas finas pero fuertes que le permitían volar, y aunque hubiese sido más rápida volando hacia allí que montada en su conejo, preferían utilizar montura para demostrar que, a diferencia de las otras especies que poblaban Arreit, habían sometido a la naturaleza. Cierto era que no se debía subestimar a los edneudes, porque eran quienes más beligerantes y efectivos resultaban contra los enemigos comunes, los etnagigas.

Aerie alzó la vista e inspiró cerrando los ojos.

—¡Arándanos! —dijo con alegría—, sin duda la anfitriona tiene detalles interesantes, ¿su agasajo se debe a una mera cortesía o a algo más…? —Sonrió y dejó su montura para volar hasta su asiento, el único que había sido recubierto y preparado para que fuese más alto con una pirámide perfecta de hiedras y un trono ajustado a su tamaño—. Bruja Madre, encantada estoy de asistir. Me alegra que escucharais la petición, Ovinyel.

Ambas asintieron y mantuvieron la conversación cordial y correcta que debían, a la espera de que apareciera la afnine, Akhelia, que llegó poco después con una cesta de frutas frescas que ofrendó a la anfitriona, como era la costumbre de su especie. Igual que los edneudes, tenían cierto poder sobre la naturaleza, aunque se centraban más en la flora que en la fauna, y la belleza y brillo de la fruta que traía eran un buen ejemplo.

Akhelia tenía una cabellera negra espesa y suave, ojos grandes y figura fina y esbelta, y Ovinyel trató de ocultar un gesto de desagrado; después de todo, las afnines habían utilizado siempre a los ofles para reproducirse, y siempre nacían Afines mujeres de una belleza que atrapaba a ambos sexos con sus encantos. Aunque Ovinyel no se fiase de ella, procuró ser cordial.

La Bruja Madre sabía de las rencillas de ambas, por lo que trató de mantenerlas enfrentadas y a la misma altura; así, ella presidía y mantenía a Ovinyel a su derecha y a Akhelia a su izquierda, a Aerie se le había dispuesto el sitio al lado de Ovinyel y, cuando llegase, Lonton, el onane, ocuparía su lugar entre Aerie y Akhelia.

Esperaron un poco hasta que vieron que la comitiva se acercaba por el camino que se había preparado: 5 onanes con armaduras de plata bruñida. No es que estuviesen preparándose para la guerra, los onanes no se sentían cómodos si no llevaban algo metálico encima.

Estaban ya a menos de 3 metros cuando Aerie avisó de que una estrella caía rápidamente desde el cielo. Todas miraron en la dirección que había señalado la edneude y Lonton, confundido al verlas sobresaltadas, se detuvo, con tan mala suerte que fue justo en ese punto donde, de forma no controlada, arreitizó el rover de la Tierra. Alejado unos metros de la zona del impacto, sobre los girasoles, acabó el cuerpo chamuscado del hipogrifo contra el que había impactado el aparato terrestre.

La confusión reinó tras apagarse las toses de los asistentes a la reunión y mientras se disipaba el polvo que había producido la colisión. La Bruja Madre fue la primera en reaccionar y corrió hacia el lugar del impacto.

—¿Lonton? ¡Lonton! Está… —se quedó quieta en la cresta del cráter, los otros cuatro onanes estaban sentados, liberándose de la conmoción del momento (suerte que llevaban armadura qué, en cierta medida, les protegió). Lonton no había corrido tanta suerte, el impacto directo lo había aplastado y matado al instante.

Aquello hizo que la Bruja Madre sintiera como todo su cuerpo se tensaba, los onanes tenían mucho sentido común, pero su paciencia era limitada y tenían la sangre muy caliente. Igual aquel suceso hacía que les declararan la guerra, todo lo contrario que pretendía conseguir la bruja.

El primer onane que se levantó del suelo se llamaba Lumiere, y su enfado creció exponencialmente al ver que su primo se había convertido en un amasijo de carne quemada bajo un montón de chatarra espacial.

—¡Hicimos muy bien cuando, en los albores del mundo, liquidamos a los onamuh!, deberíamos hacer lo mismo ahora con estas malditas ajurbes.

—No era nuestro deseo que…

—¡Ah! No, pero ha ocurrido y apuesto que este artefacto es una cosa de los humanos de esa Tierra tuya, ¡ja! ¿Sabes lo ridículo que suena «tierra»? Poco originales llamándola justo al contrario que Arreit. Dame una razón para no exterminarte ahora mismo.

—Querido Lumiere —intervino Ovinyel—, sabes perfectamente que esto no es culpa de la ajurb, ella trata de ser diferente a los onamuh que hubo aquí, trata de unirnos y de crear vínculos con la naturaleza. ¿Acaso no queremos todos vivir en paz?

Lumiere bajó la vista y en un segundo pareció que la sangre se le enfrió, pues fue benevolente y asumió la responsabilidad que antes había tenido Lonton y se sentó en el pentagrama de sillas, tal como se había dispuesto, entre la afnine y la edneude, y comenzaron la reunión (aunque, hay que reconocer que, sobre todo los onanes, miraron a menudo al cráter humeante en el que se enfriaba lentamente Lonton y el Rover.

Lumiere nunca lo reconocería, pero aquel hecho fortuito le alivió los nervios muchísimo; después de todo, Lonton se acababa de enterar de quién era el amante de su ahora viuda y aquello hubiese hecho que, una vez la reunión se hubiese terminado, a Lumiere le hubiese dolido mucho su cuello.

Año 31, Arreit

Había transcurrido un año cuando volvieron a reunirse en aquel campo de girasoles, esta vez con motivos más prácticos. El incidente que había llevado a una muerte prematura a Lonton había desviado la atención del tema principal de la reunión a una más primaria: ¿querían que los humanos de la Tierra tuviesen contacto y conocimiento de Arreit? Después de que la Bruja Madre explicara cómo habían tratado a la Tierra, todos estuvieron de acuerdo en que no querían relacionarse con los terrestres, así que se dieron un año para encontrar la forma en la que ocultar su existencia a los cristales ópticos humanos, a sus sondas y cualquier otra cosa que pudiera ocurrírseles mandar.

Todas las especies contribuyeron a aquel proyecto de protección, bueno, menos los etnagigas, que se mantuvieron al margen de todo aquello.

Por supuesto, en aquel año de preparación, todas habían mantenido un contacto mucho más directo y continuado, lo que permitió que las relaciones entre especies se afianzaran y fueran de mayor fortaleza, lo que, para la Bruja Madre, era una gran tranquilidad y un buen comienzo. ¿Quién iba a pensar que los humanos, con lo beligerantes que podían ser, iban a contribuir tan efectivamente a alianzas entre los habitantes de otro planeta ajeno al suyo?

En aquella ocasión, el encuentro entre los asistentes fue más cálido y menos centrado en la diplomacia y protocolos. Se sentaron nuevamente en los asientos que había preparado cuidadosamente la Bruja Madre y, mientras comían la fruta que había traído Akhelia y bebían el licor que había traído Lumiere, repasaron las fórmulas mágicas, los ingredientes que debían depositar dentro de los orbes y también calcularon el tiempo que tardarían en llevar los orbes a los santuarios de reposo que los onanes habían tenido la gentileza de construir en torno a todo el planeta para completar la red que los escondería de la Tierra.

—Medio año en que la red se cierre —La Bruja Madre suspiró—. Me gustaría que fuese antes, pero es imposible de realizar con los medios que tenemos.

—Sí, además, es muy ambicioso —añadió Aerie—, pero me preocupa que estemos gastando demasiada energía en esto. En vez de hacer el doble de orbes, ¿no sería mejor que hiciéramos 10 o 15 más y los tuviéramos escondidos por si alguno falla? Quiero decir, necesitamos 100 y vamos a hacer 200.

—El problema son las tecnologías de la Tierra, están conectadas a diario y no podemos permitirnos un fallo que deje expuesto a observación a Arreit durante más de un día, no es una idea que me guste. Creo que incluso podríamos luego, cuando nos hayamos recuperado de este esfuerzo, reunirnos y crear ese santuario con los repuestos, pero quiero que cada uno de los santuarios de descanso tenga un reemplazo. No hay que olvidar que, aunque esté nutrido de magia, estos orbes y esta red tienen una parte de ingeniería que puede fallar en algún momento.

—Yo estoy de acuerdo con la Ajurb —intervino Lumiere—, prefiero estar tranquilo y que si alguna de estas piezas se resquebraja, poder cambiarla inmediatamente por otra; ya habrá tiempo de traer una de ese santuario que se cree como almacén… igual también podríamos tratar de recuperar y arreglar las que se estropeen, ¿no?

—¡Me gusta la idea! —intervino Akhelia—; sé que es mucho trabajo para las sartso que han cultivado estas hermosas joyas, pero son nuestras garantías para sobrevivir.

Aerie suspiró, cansada y resignada, aquel año motivando a las sartso para crear los orbes había sido arduo, 50 más después de las 200 no iba a ser tan trabajoso, pero le llevaría más tiempo y arrastraba el cansancio del año anterior, pero asintió; las afnines habían ayudado muchísimo con el proceso a las edneudes y, si ellas estaban dispuestas, las edneudes no iban a ser menos. Además, a los onanes les iba a tocar hacer otro santuario para proteger los orbes de repuesto y a las ajurbes a acumular magia para introducirlas dentro.

—¿Nos ponemos con esto? —propuso Aerie, que tenía ganas de terminar con aquel proceso que les llevaría varios días de desarrollo.

Todos asumieron su papel en aquel momento e hicieron lo que la Bruja Madre les pidió, tras ocho días de esfuerzo, los 200 orbes estuvieron llenos de magia, que se activaría cuando, cada uno de ellos, se conectase en los santuarios. Los elegidos para transportarlos partieron entonces y, seis meses después de su partida, Arreit desapareció de los radares terrestres como por arte de magia.

Año 2052, Tierra

—Antes de continuar con los deportes, informamos del último comunicado que se ha emitido en torno a la H.O.P.E. y al planeta del que aparecieron indicios hace ya 32 años y del que se ha estado tratando de obtener información más detallada. Lamentamos informar de la pérdida de la H.O.P.E. y del cierre de la misión Cognomus al encontrarse en un punto muerto. Según nos informan, tras el desenlace de la primera Sonda y las imágenes confusas que se recibieron de ella, se enviaron en secreto nuevos proyectos para averiguar qué había pasado y seguir con la exploración del nuevo cuerpo celeste encontrado, pero estas misiones no parecieron tener éxito debido a la incapacidad de encontrar el planeta dentro de la zona en la que debía estar. Este misterio ha traído de cabeza a los científicos que estaban dentro del proyecto, se sabe que alguno ha requerido de hospitalización psiquiátrica, otros han optado por repasar todos los datos que se habían obtenido a raíz del hallazgo sin explicarse lo que haya podido producir este «desequilibrio».

»La conclusión a la que nos llevan todos es un error de predicción y que las pérdidas se han debido a la propia basura que ha quedado atrapada en la órbita de la tierra y que procede de satélites chatarra. Esto ha reabierto el debate sobre cómo deberíamos abordar la ecología en el espacio y cómo deberíamos gestionar los residuos que se quedan en nuestra órbita una vez finalizada la utilidad de esos satélites. La versión oficial del comunicado nos da a entender que los errores que llevaron a creer en la existencia de un planeta gemelo de la tierra se debieron a los niveles de basura, aunque esta explicación parece insuficiente y arroja muchas incógnitas sobre lo que pasó con la misión Cognomus y porqué se insistió en la investigación de la supuesta zona. Hay muchos detalles que hacen que los más paranoicos vean un claro indicio de que el gobierno trata de ocultarnos una verdad incómoda.

»No queremos alentar a la desconfianza ni a la paranoia con este tema, simplemente a la reflexión, sobre todo, después de encontrarnos con supuestas imágenes filtradas de la misión de H.O.P.E. en la que podemos ver no solo un paisaje natural que podría recordar a la tierra, sino a una criatura que no se parece en nada a ninguna de origen terrestre. Estas imágenes, aunque los análisis parecen verificar un origen correcto, se mantienen como una manipulación por algunos interesados en tratar el tema como una conspiración, otros, incluso, han tratado de relacionar todo el Cognomus con el enigma de Farlka.

»No sabemos qué información es la que puede estar más acertada en este caso, sin duda, el tema tiene muchas lagunas y deja muchas preguntas. Pero lo que actualmente nos preocupa más es: ¿qué vamos a hacer ahora que solo nos queda la Tierra?

—El presidente tenía todos los datos encima de la mesa y ha tomado una decisión, la ha escrito aquí.

—¿Una hoja de papel? Joder, ¿tan grave es?

—Y tanto, vamos a eliminar todo este asunto de Arreit de la memoria de la humanidad, los detalles están aquí dentro.

—¿Cómo?

—Pues, lo primero, vamos a desinformar, como hemos hecho siempre, a través de noticias e Internet. Que todo parezca falso, un cuento para mantener a la sociedad entretenida con las supercherías típicas. Las empresas gubernamentales están avisadas de desmentir y negar la existencia de todas las investigaciones, se han confiscado los papers científicos que estudiaban el tema y, bueno, la peor parte se la llevan los científicos que estuvieron…

—¿Qué? ¿Cómo que se la llevan los científicos?

—Sí, van a ser…, ya sabes…, ellos y sus familiares directos, a los que tenían derecho de informar de los descubrimientos con el consentimiento extendido.

—Joder, ¿cómo lo van a hacer?

—Simularán un «Farlka», luego estamos nosotros.

—¿Luego, nosotros?

—Sí, ya me entiendes: usas las armas y luego las fundes para fingir que nunca…

—Mierda. ¿Cuánto nos queda?

—36 horas.

Año 2155, Tierra

—No seas ingenuo, Ene. En aquella época, había muchos secretos que se clasificaban, pero los más problemáticos no están aquí; sabían muy bien cómo hacer desaparecer la información y no tenían escrúpulos, así que no encontrarás nada referente a los misterios de las desapariciones, ni de 2020 ni los de 2035, aunque supongo que estarán relacionados.

—Ya, pero siempre queda algo… y tengo intención de encontrarlo.

—Suerte, pero a veces los humanos han acertado y sido concienzudos con la limpieza de las cloacas. Igual encuentras algo en los estadounidenses, pero mira que lo dudo, si yo hubiese estado en esa época, hubiese sentido tal bochorno que hubiese hecho lo que sea para que no quedase en el planeta nada referente al tema. Claro, queda el imaginario popular y algo de cierto tendrán los cuentos, pero a saber cuánto hay inventado.

—Claro, pero son un hilo interesante del que tirar.

—No deberías perder el tiempo con eso, Ene. No es nuestro trabajo y actualmente, nuestro sistema…

—Ya. Somos máquinas biológicas y hemos optado por suprimir las emociones del sistema para evitar los errores del pasado. Pero, por eso mismo, me interesa este error: las desapariciones masivas, los gastos desorbitados en un supuesto estudio sobre la órbita terrestre y la basura espacial de los que no queda nada más allá de borrones en las cuentas de estado de numerosos países… Obviamente, gracias a esos misterios tuvimos una prórroga que nos permitió adaptarnos al cambio climático. Quiero saber qué pasó.

—¿No podemos tratarlo como una primera prueba de eugenesia y pasar a temas más importantes? Hay que revisar las valoraciones de la nueva hornada.

—Podríamos, pero es que creo que fue accidental y demasiado aleatoria.

—Bueno, la de hace 50 años nos ha hecho mejores como especie y el planeta vuelve a respirar. ¿Has visto los últimos informes sobre la inteligencia media de la nueva hornada?

—Sí, un 15% mejor conexión sináptica que la anterior.

—Mira estos dos.

—Ya, demasiado desarrollados aquí… No es agradable de ver, no. Sep, podríamos dejarlos para el grupo B, igual nos sorprenden.

—Ya… no me gustan las sorpresas y no desperdiciaré dos matrices del tipo A en desarrollar individuos defectuosos. Márcalos como reciclaje.

Año 135, Arreit

Resulta que la Bruja Madre estaba un poco equivocada en cuanto a su propia longevidad y murió a los 165 años, una tarde de verano cuando su nieta, de 13 años, había declarado su firme intención de convertirse en una gran bruja por los métodos «antiguos» y se había marchado de la ciudad.

No es que tuviese nada que ver que Jattle se hubiese marchado con la muerte de su abuela; pero Jattle era, digamos, poco habilidosa con la magia y tenía una tendencia a meter la pata tal que la habían tachado de gafe irremediable. Aquello había hecho que tanto su madre como su abuela hubiesen intentado reconducir sus ideas hacia otros oficios menos peligrosos para ella; pero Jattle quería ser una ajurb, tal como su madre y su abuela.

La muerte de la anciana ajurb que había venido desde la Tierra fue más repentina, cuando en la cena, comentando el capricho de Jattle, se había atragantado con una nuez.

Al día siguiente le realizaron el funeral conjuntamente, tal como ella misma había escrito un siglo antes, con el nombramiento de la nueva Bruja Madre, aquella que asistiera a la anterior Bruja Madre durante los primeros años y que había aprendido todo lo que debía saber de ella.

Por suerte, la primera Bruja Madre de Arreit no se había dejado llevar por el ego y había vinculado el cargo a los méritos y capacidades demostradas y no a la sangre. Aunque, también supo reconocer en algún momento que su hija le había salido «muy bien hecha» y que hubiese sido una gran Bruja Madre, pero luego estaba su nieta, su querida Jattle… la razón que demostraba que había tomado una muy buena decisión con las normas de sucesión.

No, Nietzsche, Dios Gus no ha muerto

Año 2051, Tierra

La sala era diáfana y maravillosa, tan inmensa que cualquiera que hubiese estado allí no alcanzaría a ver las paredes, a menos que se dedicase a andar un eón de kilómetros, pero lo normal es que muriese antes de llegar a ver cómo era el contenedor de aquel universo de imágenes flotantes y etéreas de mil puntos diferentes que se movían e interactuaban, girando y cambiando. Sin lugar a duda, aquel lugar era inconcebible para cualquier ente no divino, pero había sido el último capricho de Dios, o Gus (como se llamaba a sí mismo). De todas aquellas imágenes, las que más les gustaba cotillear a Gus era la que correspondía a los mundos a los que había condimentado con un extra de vida, aunque hacía tiempo que no entraba a hacer mantenimiento a la sala y no pudo ver cómo en una de ellas apareció primero una alerta de hackeo, luego un aviso de error y acabó partida por la mitad mostrando dos imágenes constantemente solapadas.

 

Cada eternidad dentro de la existencia de Gus comenzaba siempre con el mismo ritual: desayunar. Sobre todo, cuando la alarma de inicio del tiempo se había olvidado de sonar y no lo había despertado. Gus siempre estaba de mal humor hasta que se tomaba su primer tazón de cereales, que procuraba combinar adecuadamente para que el sabor fuera siempre diferente. Cogió una lista en la que iba anotando las combinaciones que había ido tomando a lo largo de la existencia.

Se acercó a su dispensador de estrellas y empezó a seleccionar el porcentaje de las que aquella mañana le apetecían. Bufó y refunfuñó, era todo tan arcaico y analógico, ¿quién había inventado aquel dispensador? A ver si llamaba al servicio de atención al cliente para ver si podían enviarle algún sistema más sencillo. Luego recordó que él era el servicio de atención al cliente.

—Necesito mis soles ya —determinó—. A ver, hoy me apetece un poquito de Sextans A, mezclado con Magallanes y Ojo negro—. Echó un ojo a la libreta y descubrió que aquella combinación ya la había probado hacía 90 eternidades, así que se maldijo y miró en la lista de galaxias, indeciso—. Vale, venga, topping de Vía Láctea.

Pulsó el botón después de poner su tazón en el expendedor, todos los divinos sabían que primero que había que echar las estrellas y ya, luego, las nebulosas y nubes de electrones. Nunca al revés.

La máquina se puso en funcionamiento y los agujeros negros extrajeron las proporciones correctas de estrellas al tazón, aquello a Gus se le hizo eterno, pero tenía que esperar. El marcador de tiempo decía que faltaba ya poco, solo añadir el topping elegido cuando, con un sonido de atasco, la máquina se quedó quieta y avisó de un error.

Definitivamente, Gus tenía que llamar a atención al cliente. Después de darle un par de veces golpecitos al dispensador y ver que eso no lo solucionaba, con todo el esfuerzo de unos cuantos universos, fue a averiguar qué pasaba en las tripas de la máquina. Se metió en la sala de control del universo y se puso a buscar qué había producido el error. Llegó a la Vía Láctea y recordó que esa era una de las que le había puesto extra de vida y sabía que esas galaxias tenían a veces problemas de contaminación, así que fue directamente a la dirección donde había aparecido el error.

Gus estaba muy seguro de que su dispensador estaba bien y de que era imposible que los aderezos de su eterniyuno fuesen capaces de descifrar el sentido de la vida y cómo estaba hecha, así que se sorprendió cuando descubrió que en torno a la estrella Sol orbitaba un planeta más del que aparecía en los registros y Gus miró atentamente las dos imágenes que se solapaban, el aderezo había provocado el error y el atasco en la máquina.

Gus no tenía claro si aquello le maravillaba o le molestaba. Él quería tomarse su tazón de estrellas con tranquilidad, para volver a sentirse divino, y ahora tenía que averiguar cómo unos simples humanos habían hacheado el código de Dios. Desactivó la imagen de control de la Tierra, le molestaba que rompiera la armonía y perfección de la sala de control y, además, quería evitar que el error se contagiara y hasta no averiguar cómo se había producido, era mejor no tentar a la suerte.

Salió de la sala de control y bajó, o subió; qué más daba, en realidad el espacio se movía y no era él, Gus siempre estaba en el mismo sitio… Así que lo correcto hubiese sido que la sala de control salió de Gus.

Se dirigió entonces al almacén donde estaba el universo 20, que era su favorito para el tazón de estrellas, claro, y se decidió entrar en su vórtice.

Para cualquier humano aquello era inconcebible: una gran espiral de galaxias giraba en torno a un sumidero por el que se desechaban las galaxias que estaban ya caducadas mientras que las nuevas se movían dando vueltas alrededor del sumidero, creando hilos de galaxias que se movían a diferentes velocidades y hacían recorridos más largos y cortos según su fecha de caducidad se fuese acercando y estuviesen situadas más cerca del agujero del sumidero. La Vía Láctea no era de las más viejas; de hecho, era bastante joven y todavía tenía la fragancia que se mantenía durante los primeros 10 000 000 000 000 000 años (humanos, claro está). Fue hasta Sol y miró qué ocurría, se sorprendió al ver que el planeta que tenía el aderezo tenía un gemelo que no le correspondía en la misma órbita.

—¡Qué coño! Joder, ¿no tuvieron bastante la otra vez? ¡Quería desayunar en paz! —se quejó Gus. Inspiró e inspeccionó el planeta que parecía tener más deterioro y que juzgó que era el original (los humanos provocaban en el planeta un aderezo ideal para darle al tazón un toque arenoso y ácido, aunque todavía les quedaba un poco para poder degustar el planeta. Ahora tenía un planeta gemelo en el que parecía que también había surgido vida.

Tras la visita a la Tierra, en la que comprobó que parecía haber un retraso en la evolución del estado atmosférico ideal para darle ese toque particular, se dirigió a lo que supo que sus habitantes llamaban Arreit. «¡Qué originalidad!», había pensado Gus con cierto grado de sarcasmo.

Gus arreitizó justo en el momento en el que la bruja Madre y sus aliados cercaron mágicamente al planeta y lo hicieron invisible en el universo y, con ello, Dios quedó atrapado por el aderezo.

 

El monitor seguía apagado, pero el dispensador detectó que el error se había solucionado y comenzó a echar unas cuantas estrellas al tazón de Gus. El contador llegó al 100% y la máquina vibró levemente, indicando que el eterniyuno estaba listo; por suerte, ni Arreit ni la Tierra todavía estaban listas para formar parte de él.

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